
Contexto.
Tarragona ha sido siempre un espacio de cruce cultural: ya como capital de la Hispania Citerior, su puerto, que desempeñó un papel fundamental en la consolidación de la ciudad, era un espacio de conexión comercial y militar que contínuamente enriquecía el conocimiento de sus ciudadanos. El Teatro también fue protagonista en Tarraco. Recibiendo la influencia de los griegos, originalmente derivaba también de antiguos espectáculos etruscos, que mezclaban el arte escénico con la música y la danza.
El trabajo conjunto entre El Rey de la Ruina y el músico y artista sonoro Roger Conesa utiliza como lienzo la pared exterior del actual Teatre Tarragona para que se convierta también en un encuentro de lenguajes. Desde un espacio pensado para el desarrollo de las artes escénicas, el arte visual se conecta también con el arte sonoro. Y no lo hace de forma únicamente yuxtapuesta, sino entrelazada. Desde su génesis y hasta el final del proceso, para ser una sola obra audio-mural de carácter interdisciplinar.
El contenido.
Esta pieza está basada en la escultura Medea, de William Wetmore (1819-1895), de tradición neoclásica. Aunque es un personaje de Eurípides, el mito de Medea fue muy representado en los sarcófagos romanos.
La dramatúrgia, texto que sigue interpretándose hoy en día, ofrece una figuración posible de una mujer que se revela ante la maternidad y la heterosexualidad obligatoria y compulsiva. Una narración que visibiliza otro teatro, otra forma de volver a presentarnos personajes femeninos.
Esta Medea nos permite crear un imaginario político feminista que se reapropia de la tragedia antigua. Por eso, en la interpretación de El Rey de la Ruina, se cambia el puñal (símbolo agresivo y patriarcal) por el corazón, receptáculo metafórico de las emociones humanas y la llave, herramienta que abre y ofrece nuevas oportunidades.
El título de: La cultura nos forma y nos transforma es además el lema del teatro dónde se realiza el mural y transforma así a través de una pieza de arte urbano un espacio pensado para las artes escénicas en un espacio multidisciplinar; de esta forma, se convierte en un manifiesto post-contemporáneo que sin complejos, reivindica Tarragona como una ciudad que, a través de la cultura, transforma a sus ciudadanos.
La forma.
La imagen está tratada con respeto a los cánones clásicos, pero con un uso del color, simbología y técnicas del presente. La distorsión y el fallo tecnológico, el uso de colores brillantes y de alto contraste, las técnicas del arte urbano, el graffiti y el muralismo de gran formato traen a la imagen a lo contemporáneo; de la misma manera que Tarragona una ciudad con una historia apabullante, ha sabido modernizarse y llegar a nuestros días como una ciudad viva, vibrante y actual.
Entre las tramas geométricas propias de mi trabajo he incluido en esta ocasión una compuesta por varios códigos QR, que son plenamente funcionales de modo que el retrato sea imposible de fotografiar con un smartphone sin que este enlace aparezca en la pantalla. Con la intención de hacer esta obra indivisible de la pieza sonora y hacer que el espectador escuche la obra mientras contempla la intervención en el muro.
La pieza sonora realizada por el compositor, músico y artista sonoro Roger Conesa Mathioux, refleja a su vez el viaje de la ciudad de Tarragona desde la antigüedad hasta nuestros días. Generará un diálogo entre los sonidos orgánicos que ya coexistían en la antigua Tarraco y las sonoridades propias y protagonistas de la ciudad en la actualidad. Todo esto sin obviar otros elementos musicales como instrumentos de la roma clásica que a su vez se conecten con los nuevos lenguajes audibles propios de las nuevas dramaturgias.